Fundamentalismo y Terror: nuevos enemigos, viejos problemas

“El odio como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar.
Nuestros soldados tienen que ser así”
.
Ernesto Che Guevara (Bolivia, mayo de 1967)

Ante la caída del comunismo, por muchos años considerado como la principal amenaza del mundo occidental, "nuevos enemigos" hacen irrupción en la escena internacional. Puede calificarse como "nuevos enemigos" al narcotráfico, las migraciones y el terrorismo internacional, dentro del cual cobra importancia el denominado fundamentalismo islámico, por el protagonismo adquirido en los últimos años como una poderosa fuente de desestabilización del sistema internacional. Eso se encuentra en estrecha relación con el creciente proceso de globalización. En "la aldea global", culturas disímiles, costumbres distintas, anteriormente extrañas y lejanas, se aproximan cada vez más, ante el explosivo desarrollo de los medios de comunicación que permiten un contacto más fluido con el resto del mundo. Los fundamentalistas polarizan la realidad y marcan claramente la separación entre el yo y el otro yo, entre el bien y el mal, entre lo que hay que alabar y lo que hay que aniquilar. Encontramos intolerancia, en la política, en los enfrentamientos entre ideologías opuestas, en lo que se ha llamado "fundamentalismo de mercado", en los crímenes del nazismo y otros nacionalismos exacerbados, como los de la antigua Yugoslavia, en los actuales "cabezas rapadas"... También en el racismo y en los enfrentamientos entre seguidores de equipos de fútbol. ¿Por qué cada equipo tiene sus "ultras"? ¿Cómo puede una persona llegar a suicidarse por una ideología?

Aunque todos han observado el fenómeno, hasta ahora son poco claras las diferencias entre el terrorismo religioso de aquellas otras correspondientes al terrorismo político o secular. Mencionamos aspectos de dicho problema centrando la atención en un grupo que popularmente se conoce como Al-Jihad. Se llamó a sí mismo como "el grupo islámico de Egipto" y su acción mas espectacular fue el asesinato del presidente Anwar Sadat en 1981. Su líder, Abd Al-Salam Faraj, escribió una obra titulada "EL DEBER DESATENDIDO" que explica la justificación del grupo y que el gobierno consideró como la "constitución" de éste. Ese texto ha ejercido un efecto destacado sobre las jerarquías religiosos y sobre la sociedad egipcia. Los intérpretes de la tradición musulmana, describieron el libro como una "defensa islámica válida". Johannes Jansen, que tradujo el documento al inglés, se vio sorprendido por su erudición a pesar de que su autor era un electricista sin educación formal religiosa. Charles J. Adams, una autoridad destacada en el Islam, lo describe como un "documento clave para entender el radicalismo islámico en cualquier lugar que se pueda presentar; no se dispone de otra fuente de información de semejante autenticidad y profundidad". El argumento es que la diferencia principal en cuanto a los medios utilizados por el terrorismo religioso y el secular proviene de las justificaciones especiales y los precedentes que cada uno utiliza.

El terrorista religioso contemporáneo tiene afinidades importantes con expresiones anteriores, premodernas o antiguas; el terrorista secular (que comenzó a partir de 1880) no tiene precedentes vinculantes, Lo que significa que el grupo mismo determina tanto los medios como los fines y actúa en consecuencia. Los medios (es decir, las estructuras organizativas, las armas y las tácticas) se modifican constantemente.

En cuanto a los fines, el terrorismo sirve ahora a una variedad de fines muy diversos, incluso, un grupo puede moverse de un tema a otro, en un intento por encontrar alguno que parezca prometerles un mayor apoyo. Por ello, los terroristas seculares han producido una "cultura" en la que los participantes se sienten con libertad para hacer suyas las enseñanzas de cualquiera. Cuando los terroristas seculares cambian sus fines e instrumentos, lo hacen, se supone, para obtener un beneficio. Esa es la razón por la que la necesidad de hacer que el terrorismo sea cada vez mas efectivo predomina en el primer texto moderno sobre terrorismo "EL CATECISMO REVOLUCIONARIO" (1869) de Sergei Nechaev. Este texto es un estudio de cómo "la revolución puede destruir todo el Estado hasta sus cimientos, exterminar todas las tradiciones imperialistas, todo el orden social y todas las clases existentes". El Catecismo Revolucionario introduce un tipo de discurso que se ha mantenido durante los siglos XIX y XX, pues numerosos sucesores han escrito de acuerdo documentos con un espíritu virtualmente idéntico, como el "Minimanual de la guerra urbana de guerrillas" de Carlos Marighela.

Los antiguos terroristas religiosos creían que sus fines y sus medios se hallaban respaldados por la autoridad divina, que los humanos no tenían derecho a alterar las cosas. Mientras que sus equivalentes seculares modernos se muestran preocupados por el futuro, los ojos de los terroristas sagrados se fijan en el pasado: en los precedentes particulares establecidos en la época mas santa de la religión, el período fundacional, en el que la divinidad y la comunidad se hallaban en comunicación mas estrecha y en el que se establecieron las reglas fundamentales de la religión. Las formas de actuar en el período fundacional terminaron por santificarse, y las generaciones posteriores interpretan y reinterpretan esos mismos modelos. En el caso del Islam resulta problemático aseverar si existen precedentes capaces de configurar el terrorismo religioso, sin embargo, se sabe que, para respaldar sus actividades, los terroristas antiguos citaban textos del Corán, la shar´ia (ley) y el hadith (tradición). Cada religión genera una forma característica de terror. En el Islam, luego de la muerte de Mahoma, casi todos los rebeldes han usado el asesinato como instrumento, y además, muchas sectas y grupos estaban comprometidas exclusivamente con él o eran, de hecho, cultos de asesinato. Se dice que estos grupos tenían bases aisladas que les permitían llevar una forma de vida casi monástica, y entrenaban a los fidayeen(los dedicados o consagrados para la Jhiad, los atacantes) desde niños aumentando así la posibilidad de desarrollar en ellos la inmunidad con respecto a los sentimientos personales y ordinarios.

Paradójicamente en tiempos de globalización, los grupos marginados de las normas impuestas por occidente, son los enemigos del mundo. Es inadmisible que hoy cuando tenemos la responsabilidad de tomar decisiones del mayor interés general, necesitemos seguir buscando enemigos entre aquellas sociedades que no comulgan con nuestros credos (otra forma de hacer terrorismo multinacional). Esperemos que el pueblo de Afganistán sea la primera y última victima en el siglo XXI de esta forma de guerra, indeseable desde cualquier consideración. Es una buena oportunidad la llegada de México al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, para participar en el establecimiento de un nuevo orden mundial... En casa ya hemos iniciado.

 

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