Se debilita el cerco del halcón

Cuna de la humanidad, el Medio Oriento, se encuentra envuelto en una ola de turbulencia que parece no tener fin.

No ha sido buena esta semana para Ariel Sharon. El primer ministro israelí no ha obtenido lo que buscaba en su ultima visita oficial a Washington en el año y la Unión Europea, en un raro movimiento de flexibilidad de sus músculos políticos, ha mostrado algo del intenso disgusto que le produce el ultra nacionalista líder judío.

Sharon no ha logrado convencer al presidente Bush para acabar con la Autoridad Nacional Palestina (ANP), pero sigue teniendo a Yasir Arafat bajo arresto domiciliario, inmovilizado en su residencia de Ramala. Estados Unidos no va a romper relaciones con la ANP, como le pedía Sharon, pero sigue exigiendo que destruya al integrismo terrorista de los palestinos, lo que está poco claro es cómo lo puede hacer rodeado del ejercito israelí. Es razonable suponer que, salvo hechos consumados, según la larga tradición de algunos gobiernos conservadores israelitas de utilizar a su antojo las normas del derecho internacional, el tiempo se está pasando para lograr de sorpresa el estrangular a la Autoridad Palestina, sobre todo porque la Unión Europea hace algo más que telegrafiar su tímida disconformidad con lo que sucede en Cisjordania y Gaza.

Los ministros de Exteriores de la Unión Europea reunidos con carácter informal en España, anuncian públicamente para muy en breve lo que seguramente no será todavía un plan completo de paz para Oriente Próximo, pero sí algún juego de iniciativas que corresponde encuadrar a la diplomacia de Madrid, puesto que éste primer semestre del 2002 trabajan bajo la dirección española.

Las iniciativas incluyen una idea francesa para proceder a un inmediato reconocimiento de una Palestina independiente, siempre que Israel haga lo propio, aun dejando cuestiones como fronteras y soberanía por esclarecer. La idea tiene como inconveniente que depende de la dudosa voluntad de Israel y se apoya sólo en los esfuerzos del ministro de Exteriores israelí, Simón Pérez, que trabaja con su homólogo palestino, Abu Alas, para asegurarse ese reconocimiento. Y no parece exagerado decir que el político israelita, que hace de decoración dialogante en un Gabinete de ultras, carece de peso suficiente ante Sharon para garantizar nada. Sin embargo es necesario señalar que Pérez y el Rabín son los grandes artífices de la propuesta de lograr la paz duradera a través de ceder territorios a los palestinos, de acuerdo a la propuesta original de las naciones unidas Una propuesta alemana que sugiere la celebración de un referéndum en los territorios para obtener una rotunda condena de los atentados de Hamás y legitimar así la presidencia de Arafat podría estrellarse también en que, sin gestos previos israelíes, y de amplitud, la Autoridad Nacional Palestina difícilmente querría embarcarse en semejante consulta.

Pero importa hoy más que nunca la patente voluntad europea de resistirse a la pasividad cómplice norteamericana en el grave conflicto árabe-israelí. Ese lento despertar se inscribe en un deslinde del tono general de la política estadounidense. Primero fue el ministro francés de Exteriores, que lamentó el 'simplismo' de una actitud que resume su visión del mundo en un 'eje del mal' formado por tres países, dos de ellos musulmanes y enemigos de Israel -Irán e Irak-el tercero es Afganistán.

Una enérgica toma de posición de los países miembros de la Unión Europea sobre el trágico conflicto de Oriente Próximo, a la que un acuerdo preferencial vincula estrechamente a Israel, sería la forma adecuada de decirle a Sharon que pusiera fin a la intolerable detención de Arafat y aceptara la reanudación de negociaciones. Eso parece lo mínimo para crear una situación en la que el terrorismo suicida de los grupos palestinos comenzara seguramente a ser controlable. Humillar a Arafat no es el camino.

 

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