Las mujeres del siglo XXI


En este documento se quiere destacar algunas tendencias generales de la situación de las mujeres en relación con la familia, el trabajo y la pobreza cuando se está ingresando a un nuevo siglo. Llama la atención la ambivalencia en la posición de las mujeres, en especial en el ámbito laboral y familiar, que son elementos centrales que definen sus posibilidades de participación. En todas las áreas se aprecia la permanente paradoja entre los aportes económicos y familiares de las mujeres y las grandes carencias en participación y representación de sus intereses. Esta contradicción queda más en evidencia en relación con las graves trabas para traducir las demandas de las mujeres en políticas efectivas de Estado que mejoren su condición y tiendan a modificar el sistema de género en el plano cultural.

Es posible observar que a medida que la condición de las mujeres mejora, ese espacio se desvaloriza. En lo que se refiere a la participación laboral femenina, por ejemplo, en la medida que las ocupaciones se "sensibilizan a la mujer", es decir, una mayor proporción de mujeres que de hombres ingresa a ellas, disminuyen los ingresos que generan y el prestigio asociado a su desempeño. En relación con media década atrás se mantiene la distancia respecto de los ingresos y el rango de ocupaciones desempeñadas por los hombres. Es decir, que la discriminación se reconstruye en un punto distinto a medida que el mejoramiento de la posición de las mujeres rompe el equilibrio entre géneros. Cambia el punto donde se establece esa desigualdad y se abren nuevos espacios de desigualdad en la participación social y política, en el empleo y la seguridad social y en el ámbito familiar.

El mercado laboral ofrece ventajas y espacios de libertad a las mujeres, quienes iniciaron la lucha por entrar en él y ahora están luchando por ampliar ese espacio, disminuyendo los efectos de discriminación y segmentación, al mismo tiempo que la flexibilidad laboral recrea nuevas formas de exclusión y segregación. La estructura y organización familiar en cambio, son áreas no bien cubiertas por la investigación, donde es factible encontrar fuertes negociaciones frente a los importantes cambios de vida de las mujeres y en las tensiones que su doble papel de trabajadora y dueña de casa impone sobre su tiempo, su capacidad física y su calidad de vida. No deben olvidarse además, los impactos que los cambios en el plano del trabajo acarrean sobre las familias y sus jerarquías internas. Hay modificación de los "saberes" y los "poderes" al interior de la familia, que han sido menos estudiados. Aunque es dable suponer que el papel de las mujeres en la familia sigue siendo central como puente hacia los nuevos papeles y de ruptura de viejos patrones de sumisión.

El significado de las modalidades de participación y de exclusión depende de los ámbitos donde se producen y el significado atribuido por los actores, así las discriminaciones son percibidas también subjetivamente. En este plano, cabe distinguir la situación de las viejas y las nuevas generaciones. ¿Parten las más jóvenes de un "piso" más alto en sus negociaciones? La negación de las nuevas y sutiles formas de las discriminaciones por parte de las más jóvenes, aliada con el creciente individualismo y la exaltación de una aparente igualdad propia de los sistemas más modernos, obstaculiza el cambio de las estructuras de género al hacer invisibles en la conciencia subjetiva los nuevos aspectos de subordinación. Sin embargo, también portan como generación mejores oportunidades educacionales, ocupacionales y un nuevo enfoque hacia la familia.

A partir de la crisis de la deuda se inicia la aplicación de las denominadas políticas de ajuste, tendientes a preparar a las economías latinoamericanas para su inserción en el nuevo modelo internacional globalizado que se sustenta como única alternativa de desarrollo. Es así como entre los rasgos más determinantes de la situación actual se cuenta la creciente integración al mercado internacional, regional y a las corrientes de capital, a la información y a la innovación tecnológica. El papel que para el Estado define el nuevo modelo significa una disminución del gasto social con las consecuentes repercusiones para los estratos más pobres de la población. Además, para el Estado se define una menor intervención en los mercados y el desarrollo de nuevas funciones de carácter regulador. De esta forma el actual Estado latinoamericano ha ido modificándose debiendo enfrentar varios desafíos, entre ellos asegurar la gobernabilidad por medio de una regulación clara de los conflictos, redefinir sus propias funciones de acuerdo a los grandes cambios del nuevo orden económico internacional y finalmente, asegurar la estabilidad en el largo plazo de las transformaciones económicas y su aceptación a nivel social.

En el campo de los planes y políticas más recientes cabe destacar el diseño de planes de igualdad de oportunidades y de otros instrumentos para la puesta en marcha de políticas de género en varios países de América Latina. Este proceso se ha dado en gran medida gracias al desarrollo de los movimientos de mujeres y la presión concertada por sus demandas en varios países. Sin embargo, aunque asistimos a la creación de una coyuntura especial para redefinir funciones de la gestión pública, existen dificultades importantes para la aceptación y ejecución de políticas de género, que tienen relación con las resistencias al cambio, con la multiplicidad de actores sociales y políticos involucrados, con los conflictos de intereses y con la diversidad institucional existente en cada país. En especial, con las resistencias ideológicas que frente al tema se han desarrollado desde fundamentalismos religiosos y políticos, entre otros factores.

Las tendencias económicas recientes no son alentadoras. Si bien se han modernizado algunos sectores productivos, permitiendo obtener ventajas comparativas para la exportación de nuevos bienes, la generación de empleos productivos no ha tenido el dinamismo suficiente para incorporar a la población en edad para trabajar. Los mercados de trabajo han aumentado su segmentación, las tasas de desempleo y subempleo son elevadas para las mujeres y los jóvenes. El crecimiento promedio regional del producto interno bruto para 2000 fue de apenas un 0,3% y representa una caída del 1,5% del producto por habitante, en relación con el año anterior. Un logro importante en la región fue la reducción de la inflación en casi todos los países, con lo que la tasa regional descendió desde 340% en 1994 a 15% en 1995. Sin duda estos magros resultados también han repercutido en los montos del gasto social de los países, los que no han recuperado sus niveles previos a la crisis de la deuda. En la mayoría de éstos los niveles de gasto social mejoraron en relación con el año 1990, en especial en educación y seguridad social, sin embargo, dos tercios de los países presentan niveles muy bajos de gasto en dólares per capita: destinan menos de 100 dólares anuales por persona en educación y salud (CEPAL, 2000).

 

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