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Equívoca la política de EUA hacia el mundo musulmán
Mientras los estadounidenses tratan desesperadamente de encontrar respuestas a los devastadores atentados del martes 11 en Nueva York y Washington, expertos sobre el Islam las encuentran en lo que consideran décadas de negligencia y equivocada política estadounidense hacia el mundo musulmán. Ciertamente, muchos dicen que el ataque contra los símbolos financieros y militares de Estados Unidos fue obra de un grupo de dementes. Pero, ¡Absolutamente no!, dicen varios expertos académicos. Ellos citan poderosas razones históricas, religiosas y económicas para quejarse de Occidente, representado por Estados Unidos, al menos desde 1972, cuando reemplazó a Gran Bretaña como la potencia dominante en Oriente Medio.
“Desde 1972, hemos estado en una marcha funesta en cuanto a políticas sobre el mundo islámico", declaró a Reuters William Beeman, experto en cultura de Oriente Medio de la Universidad Brown, de Rhode Island. "Durante muchas décadas no hemos tenido una política amplia sobre Oriente Medio". "Esto fue un acto despreciable, pero definitivamente racional", agregó Beeman, quien destacó que los secuestradores eran educados, inteligentes y capaces de pasar inadvertidos dentro de la sociedad estadounidense. Este y otros expertos creen que, más bien, Estados Unidos debe investigar el pasado histórico del mundo islámico y reevaluar críticamente su propia política sobre Levante.
"El resentimiento es histórico y contemporáneo. Ambos aspectos tienen que entenderse, desde la perspectiva del Islam, como una potencia mundial". Habría que empezar por la invasión de Napoleón a Egipto y la derrota de los imperios Persa y Otomano a manos de los rusos y otros europeos, a comienzos del siglo XIX, periodo que obligó al mundo Islámico a confrontar sus debilidades frente a Occidente. “El Islam surgió como un diálogo con Occidente, hasta el punto en que dejó de ser una religión universal y se convirtió en una ideología y respuesta política al colonialismo", indicó Hamid Dabashi, catedrático de la Universidad de Columbia autor de Teología del Descontento", que relata parte de esta evolución".
Osama Bin Laden, el militante saudita señalado por el Presidente George W. Bush como principal sospechoso de orquestar los atentados, se identifica claramente con esta visión. En un decreto religioso de 1998, Bin Laden dio directivas religiosas para atacar a los estadounidenses, a fin de desalojar a las tropas norteamericanas de las tierras del Islam en el lugar más sagrado de todos", una clara referencia a Arabia Saudita, donde se encuentra el santuario más venerado de su fe, la MECA.
Bin Laden y sus seguidores también se refieren repetidamente a los estadounidenses como "cruzados", recordando la invasión medieval de los cristianos europeos a Tierra Santa, que por entonces estaba bajo control musulmán. Uno puede escuchar el peso de los años en la retórica de individuos como Bin Laden, aunque él no sea específicamente anti-estadounidense. La creciente clase media musulmana adopta cada vez más una visión similar a la de los militantes, hay mucha gente en el mundo musulmán que no es extremista, son empresarios, profesionales, que sienten a Estados Unidos como una hegemonía política y económica. Lo que enciende su ira es el apoyo incondicional Norteamericano a Israel contra los palestinos, el bombardeo y las sanciones contra Irak y el respaldo a gobernantes regionales impopulares. Para ellos, Estados Unidos es parte del problema. Mucha gente odia la política exterior de Estados Unidos y muchos de ellos son influyentes. Eso crea condiciones para el radicalismo. En un escenario como ése, los símbolos del poder como el Centro Mundial de Comercio y el Pentágono surgen para algunos como blancos naturales. Los ataques tampoco deberían ser una completa sorpresa por lo que los musulmanes llaman una larga, larga, larga letanía de insultos de los europeos, incluso la creación del Estado de Israel en 1948.
Los acontecimientos que llevaron a las revolución iraní contra la monarquía respaldada por Estados Unidos son exactamente iguales a los que condujeron a los atentados. La pauta histórica es muy, muy vieja; una continuación de la misma clase de sucesos. Si este análisis es correcto, entonces, ¿por qué Estados Unidos habla de guerra y de una represalia, que según los expertos, sugiere una vasta presencia militar en la región?
Más bien lo que necesitamos es un debate civil público y abierto sobre política. Enviar tropas no surtirá ningún efecto y será completamente inútil. La presencia de tropas estadounidenses (ahora en Arabia Saudita, Kuwait y los emiratos) es una negación concreta del Islam como potencia mundial. Sería aún más catastrófico si más tropas de Occidente entran a tierras musulmanas. Dígase Afganistán o medio oriente, entonces el presidente George W. Bush estaría en lo cierto. Esa sería realmente la primera guerra del siglo XXI.
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