La religi�n fenicia, en su origen era una religi�n t�picamente cananea en todos sus aspectos.
En las excavaciones arqueol�gicas de Ugarit antigua ciudad cananea al norte de Biblos, se encontraron la mayor colecci�n de tablillas protofenicias referentes a religi�n y mitos, ellas son de gran importancia porque confirman que los fenicios ten�an una religi�n basada en la estructura de la antigua religi�n cananea.

En la �poca de la expansi�n fenicia, podemos distinguir en su religi�n no solo los elementos cananeos, sino tambi�n muchos prestados de los cultos circunvecinos, especialmente tomados de los egipcios y m�s tarde de los griegos. Aunque la religi�n hab�a permanecido en su esp�ritu b�sicamente cananeo. Los colonizadores fenicios llevaron su religi�n a trav�s del mar. En todas partes donde fundaron colonias, se daba culto a los mismos dioses, si bien no siempre con los mismos nombres y se realizaban las mismas practicas del culto que en la fenicia de origen.
En la religi�n fenicia sus cultos se basaban en antiguos mitos cananeos que pretend�an explicar el misterio del ciclo de las estaciones, reproduc�an la alternancia anual de las estaciones propiciatorias de las cosechas. Lo que indican ven�an de pueblos agr�colas, como seguramente eran los antepasados cananeos, actividad que cambiaron por el mar por su ubicaci�n. Los textos ugariticos proporcionan m�ltiples indicios sobre lo que los fenicios cre�an. El pante�n fenicio se organizaba en torno a una triada, a la cabeza se encontraba la m�xima deidad masculina, llamado EL, Dios Supremo, El creador de los creadores, El padre de los dioses. Era la deidad universal y gobernaba pasivo sobre toda la serie de dioses o divinidades menores. Le segu�a la Diosa Madre, llamada Asherat-del-Mar, su consorte, cuyo hijo Baal o Se�or, identificado con la juventud, el dinamismo, la fuerza y la violencia, ha llegado hasta nosotros como el dios fenicio por excelencia. El Se�or Baal perec�a cada ano para simbolizar la ciega de la cosecha y la sequ�a de la tierra. El hijo renac�a luego se�alando el retorno de la primavera y una nueva cosecha. Este mito ha tenido diferentes versiones, de acuerdo a los textos encontrados.

El mito cuenta que Baal, dios de las tormentas, de la lluvia y de las monta�as, en uni�n con su esposa Baalat, es decir, "Se�ora", tuvieron un hijo Aliyan, que junto con su padre luchan contra Mot, Dios de la sequ�a y el mundo inferior.
De acuerdo a las tablillas encontradas, este ciclo se repite, el joven dios muere, desaparece bajo tierra, pero Anat, esposa y hermana de Aliyan, rescata su cuerpo y lo lleva hasta las alturas de Saf�n, enterr�ndolo all�. Luego busca a Mot y le da muerte, por �ltimo resucita Aliyat y se sienta en el trono de Mot. El simbolismo de este texto es claro. La tierra ha conseguido sobrevivir a la muerte y a la sequ�a. El joven aparecer�, sano y salvo, cuando brote la nueva cosecha en primavera.

Los nombres de los dioses del Pante�n, variaban seg�n las ciudades, los anteriores pertenec�an Biblos, en Sid�n tomaban el nombre de Baal Sid�n y Astarte, en Tiro se identificaban como Melqart y astarte, por �ltimo en Cartago se denominaban en un principio como Melqart y Tanit, cambiando m�s tarde el nombre por Baal Hammon y Tanit. Adem�s de estos dioses y diosas, el pante�n fenicio, ten�a muchas m�s deidades con actividades espec�ficas, como el sidonio Eshmun, cuyo cometido era la curaci�n, Dag�n, estaba asociado con el trigo y los cereales y Reshef, con las plagas.
El poder sacerdotal debi� ser muy grande, ya que para los fenicios la religi�n asum�a un papel primordial. Los sacerdotes y sacerdotisas formaban una jerarqu�a con un sacerdote a la cabeza a cargo de cada templo y ejerc�an gran influencia no solo en el �mbito religioso, sino econ�mico y pol�tico en la sociedad. Los templos eran lugares grandes y complejos, pero hay pruebas de que gran parte del culto fenicio ten�a lugar en peque�os santuarios al aire libre. Son muy escasos los restos de templo, pero un santuario algo mayor, recientemente descubierto por James Pritchard, en su nueva y reciente excavaci�n en Sarepta, tiene la forma de un peque�o edificio rectangular, dentro del cual se alza un altar.
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| Astarte, 1400 a. de J. C. (Libano) | Baal, 1350 a. de J. C. (Ugarit) | Deidad desconocida, 900 a. J. C. (Libano) |
El sacrificio era una importante caracter�stica que la religi�n fenicia compart�a con otras. Se realizaban ceremonias cuyo prop�sito era el de aplacar y fortalecer al dios. El no honrar regularmente al dios, minaba su val�a, poder y deseo de beneficiar a la gente. Es importante reconocer que los fenicios practicaban el m�s extremo sacrificio: el de vidas humanas. Lo cual les vali� el rechazo de sus vecinos hebreos en la fenicia oriental y el de Roma en la fenicia occidental, pues Cartago lo sigui� practicando por mucho tiempo. Como prueba de los sacrificios humanos en la fenicia oriental solo se dispone de algunas referencias en el Antiguo Testamento. De la fenicia occidental se tienen pruebas irrefutables en las excavaciones de un antiguo cementerio de Cartago, donde se han exhumado peque�as vasijas de arcilla que conten�an los restos de criaturas y ni�os. Mezcladas con estas urnas hay otras que contienen los restos de j�venes animales como cabritos, corderos, gatos y cachorros.
Las ciudades fenicias del segundo milenio antes de Cristo consiguieron crear una estructura comercial propia para compensar la diferencia entre sus recursos naturales y los de sus vecinos.
Por su posici�n geogr�fica los fenicios, dice Herodoto, era un pueblo "botado al mar por su geograf�a". Como comerciantes y mercaderes fueron los fenicios activos y pr�speros, buscaban y transportaban por las rutas comerciales mar�timas de un extremo a otro del mediterr�neo, materias primas y toda clase de productos manufacturados por ellos y por los pueblos de oriente. Excelentes navegantes y audaces exploradores contaban con numerosas flotas comerciales y de guerra, estas �ltimas protegiendo siempre a los barcos mercantes. Eran naves de estilizadas l�neas, veloces y t�cnicas, dotadas de un gran espol�n de proa que actuaba como ariete y servia para abrir grandes v�as de agua y echar a pique las naves enemigas.

Fenicia nunca fue un Estado unificado en la acepci�n moderna del t�rmino, era m�s bien un conjunto de ciudades m�s o menos importantes cuyos habitantes viv�an del comercio mar�timo y de las industrias relacionadas con este, es decir, astilleros, factor�as de art�culos manufacturados, aprovechando las materias primas que los barcos suministraban.
Para los griegos, la prosperidad fenicia, que en su d�a fue envidiada por todo el Mediterr�neo, proced�a en sus inicios del humilde murex, molusco que abundaba en las costas fenicias y del cual se extra�a el tinte color p�rpura. Los tejidos te�idos con p�rpura eran en la Antig�edad, un art�culo de lujo que solo los potentados pod�an costearse. A partir de este comercio y el de las finas maderas (cedro) del L�bano, se fueron construyendo las grandes fortunas que luego se invertir�an en fletar orondos cargueros con los que los fenicios comerciaron, dando inicio a la expansi�n y la fundaci�n de colonias y factor�as, sirviendo de puente entre las grandes civilizaciones antiguas del oriente y los pueblos del occidente mediterr�neo.
Se les ha llamado con mucha propiedad "recaderos del mundo antiguo". Su importante marina iba a buscar los metales �tiles como el esta�o, cobre y oro en los lugares mas apartados, de los cuales se hacia gran consumo en la corte del fara�n y en Ninive y Babilonia. En las colonias fenicias del sur de Espa�a encontraron grandes minas de plata, fuente de riqueza y expansi�n fenicia. Diodoros escritor cl�sico anota: " los fenicios allegaron grandes riquezas en el comercio de la plata. Gracias a este comercio que realizaron durante mucho tiempo, crecieron hasta el punto de poder fundar colonias en Sicilia e islas cercanas, en Africa y Cerde�a y en Iberia".
Vend�an en Grecia, en Italia, en todas las costas ba�adas por el Mediterr�neo, el incienso y la mirra de Arabia, las piedras preciosas, las especias y marfil de la India, la seda de China, los esclavos y caballos del C�ucaso.

El comercio fenicio era de intercambio, estos no usaron la moneda hasta el a�o 400 antes de la era cristiana. En Sid�n solo por la influencia de los persas se empezaron a acu�ar monedas, en el reverso estaba impresa la cabeza del rey persa, lo que atestigua los estrechos lazos que por aquel tiempo un�an a Persia y Sid�n.
En el arte fenicio concurren elementos de muy diversas procedencias: egipcios, griegos, mesopot�micos, egeos, sirios y mic�nicos, es decir, fue un arte eminentemente ecl�ctico. La caracter�stica fundamental de este arte fue fundir, asimilar y armonizar en todo original, corrientes art�sticas diferentes.

Durante un millar de a�os, fue imposible moverse por el mundo mediterr�neo sin encontrarse con art�culos fenicios: las joyas, el vidrio, el marfil tallado, los recipientes de metal decorado: los dise�os eran de una amplia y desconcertante variedad, pues los artistas fenicios los adoptaban de otras culturas para satisfacer los variados gustos de sus clientes. Al principio los fenicios actuaban sobretodo como tratantes, los buhoneros contentos de comerciar con cer�mica minoica o escarabeos egipcios, fortalecieron el comercio mar�timo, pero su pericia no tardo en desarrollarse. Con el tiempo fundaron una industria de creaci�n artesanal, donde se hac�an la mayor�a de los objetos decorativos con los que comerciaban.

Trabajaban miniaturas de marfil exquisitamente labradas, aunque fabricaban figurillas, placas ornamentales y art�culos �tiles, la principal producci�n en marfil de los fenicios consist�a en paneles decorativos para muebles de su propia creaci�n con maderas de alta calidad. Los asirios apreciaban mucho estos muebles y recibieron muchos como tributo y como bot�n. El marfil fenicio proven�a de los colmillos de elefantes indios y africanos. De hecho los cartagineses criaban elefantes en sus granjas. Fabricaban adornos de oro, plata, cobre y bronce, producidos en serie. La orfebrer�a es su mayor�a es creada en filigrana y "granulada", este proceso estuvo olvidado durante muchos siglos e intrigo a los joyeros hasta que fue redescubierto en la d�cada de 1920. Tanto la Iliada como la Odisea, describen con admiraci�n los recipientes de plata sidonios.

Plinio dice que la invenci�n del vidrio se debe a los fenicios, al igual que la pasta vitria. Sin embargo esta tradici�n la heredaron de Egipto y Mesopotamia, pero adquirieron gran pericia en la manufactura de abalorios y objetos ornamentales. Tambi�n fabricaban peque�os frascos de incienso y otros recipientes, usando arena de primera calidad procedente de las de Tiro. Los fenicios empleaban una pasta de arena fina combinada con carbonato s�dico. Someti�ndola a grandes temperaturas y a�adi�ndole pigmentos, la mezcla se convert�a en vidrio de colores. Las f�bricas de pasta vitria produjeron los "vasos", objetos muy usados por los fenicios, que hac�an gran uso de los perfumes. Homero, alaba una de los productos m�s famosos de los artesanos fenicios, las copas con figuras en relieve e incisas, de una exquisita elegancia y belleza. Las fabricaban en oro, plata o bronce, eran consumados maestros en su t�cnica.
En el siglo IX antes de nuestra era, nace en Chipre una cer�mica fenicia bellamente decorada, cuya superficie pod�a competir incluso con el metal. Los fenicios difundieron el uso de las �nforas como envase de almacenamiento, las figuras de cer�mica a molde se puso al alcance de un p�blico muy amplio y dejo de ser exclusivo de las clases elevadas. Los fenicios se interesaron m�s en su cer�mica por su utilidad que por la belleza.
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Estatuilla en Bronce que representa a un dios fenicio |
Estatuilla de Bronce de 1500 a. de J. C. . Representa a un dios de Siria. |
Un curioso aspecto de esta venta es que la mayor parte de lo que ha perdurado proviene de otros pa�ses, lo cual refleja la manera en que los fenicios inundaban sus mercados, pero ello ha dificultado el poder conocer el verdadero estilo fenicio y diferenciarlo. Los fenicios salieron a trav�s del mar, llevando consigo esta econom�a mixta de industria, arte y comercio y la desarrollaron en sus colonias occidentales.
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