|
Me quisieron hundir
Me quisieron hundir
mas sin lograrlo,
que mi orgullo feroz
se rebeló.
Me quisieron hundir,
¿y qué lograron
más que darse a sí mismos
compasión?
No tenéis ni virtudes
ni defectos siquiera.
No sois dignos, entonces,
de juzgar vuestra afrenta.
Yo tan sólo me culpo
de que un día mi mano
os dejase, creyendo
que podríais tenerla.
¡Pero no! No sois dignos,
no sabiendo la ofensa
que al amigo más franco
le causasteis sin pena.
Yo os retara, si acaso
os quedara vergüenza.
Mas ni honor ni ya orgullo
en el pecho os queda.
Os perdono. No quiero
torturarme la mente
al pensar en los ruines
que quizás se divierten
en odiar al amigo
y, a traición, ¡por la espalda!,
en causarle la muerte.
A poema
anterior
A
Menú A
poema siguiente
|