A mi mente...

A mi mente deseos acudieron
de lascivos placeres que, anhelante,
me ofrecía tu cuerpo, en el delirio
que causaran tus ansias de lograrme.

En tu cuerpo sumí el mío, así olvidando
todo aquello que no formara parte
del placer que entonces tú me dabas
y de aquello que no fuera besarte.

Me manché, mas, mujer, no me arrepiento
pues que mi honor tronchó mis ideales.
¡Siempre pureza! ¡Amor de virgen casta!
Eso, en verdad... ¡En eso creía antes!

Si aquello me engañó, es que no existe.
Es fuente la mujer de engaño y males.
Es eso lo que logran con sus risas:
¡Tan sólo hacerte daño y destrozarte!


 

 

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