¡Qué triste es recordar la dicha ingenua!
Ya nunca volverá con su candor!
Tal vez no diese más que una espiga tierna,
mas, ¡ay! que nunca saldrá del corazón.
Nos conocimos en sueños,
en un día
que fue todo feliz.
¡Después aquella tarde tan romántica
en que su mano
en mi mano recogí!
Aquellas horas sentados en un parque,
mientras la vida nacía en derredor...
La primavera, fecunda, con sus rayos
daba la vida a un mundo de color.
Fue el primer día del sol,
tras largo tiempo.
Fue el primer día de vida
para mí.
Fue el primer día,
y el último sincero,
en que mi sangre correr pura sentí.
Amor ingenuo...
¡Ni un beso para luego
saber cómo tus labios abrasaban!
Amor de niños.
Amor, como lo siento
yo en el alma.
De nuevo yo amaré,
estoy seguro.
Mas como entonces...
¡Ah, no! Ya no podré.
Hoy han crecido, al tanto que mi cuerpo,
la mente y las pasiones,
engendrando
un ser que ya no es joven y aún no es viejo.
Un ser que está esperando que ella vuelva.
Que pese al odio que va rasgando el pecho,
adentro,
en los rincones, yo sé que aún la quiero...
¡Y la querré tras muerto!

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