Me
engañasteis los dos,
yo sin saberlo,
los mejores amigos que tenía.
Ella, dulce, me daba la esperanza;
él, la fuerza impulsaba hacia mis miembros.
¡Y los dos os reísteis de mi vida!
Ella, altiva, rióse de mi amor.
Y el traidor... ¡También él se reiría
cuando, llorando, buscaba su bastón!
¡Sed felices!
No quiero desearos
que tengáis tantos males como yo.
Pero no, perdonaros... ¡Eso nunca!
Yo no puedo...
¡Que os perdone Dios..!