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Transido de dolor, el hombro
roto,
la música me arrulla en dulce sueño.
Da gloria conocer que aún soy tu dueño,
que la edad a la pasión no pone coto.
Sonríe satisfecho, tan risueño,
el labio que tu seno amó devoto.
Te juro, corazón, y te hago voto
de amarte siempre igual, con este empeño.
Tranquilo queda el cuerpo y aún el
alma,
relajada y en paz queda la mente.
¿Cómo puede el amor dar esta calma
semejante a la calma de la muerte?
Lo ignoro, mas no hay duda que la palma
se lleva del sedante. Es el más fuerte. |
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