| |
La mendiga de mi barrio,
la que inspiró mi tintero,
María es, pero no Lola,
así se llama de vero.
Me lo dijo la otra tarde,
cuando marchaba contento,
me pedía unas monedas
y me detuve un momento.
Le pregunté por su nombre,
echando mano al bolsillo.
Me lo dijo y se lo dije:
- Le he escrito a usted un librillo.
Me puso cara de susto,
se quedó desconcertada.
Cuando le alargué el dinero
no quiso tomarme nada.
- Pero, señora, un instante,
déjeme usted que le hablo.
Salió por piernas corriendo
como si viera al diablo.
¿Qué pensaría la pobre?
¿Qué ideas tener podría?
No lo sé, mas sé su nombre.
No era Lola, era María. |
|