De niño, yo soñaba...

  De niño, yo soñaba con los Reyes
que del Lejano Oriente procedían.
De mayor, jugué a ser Rey ante mis hijos,
haciendo que brillase su alegría.

¡Qué tiempo tan hermoso fuera entonces,
cuando gozosos buscaban sus juguetes!
Gozaba, acaso, más yo que ellos.
Me parecía ser un niño de chupete.

Hoy han cambiado las cosas y los años
con su pasar se han llevado aquel ensueño.
Ni Reyes, ni juguetes ni ilusiones.
De una casa vacía soy el dueño.

Ya sólo dos gatitas me acompañan.
Para ellas no existen Navidades.
Con tener presta el agua y la comida
son felices los pobres animales.

Sin embargo, me prestan compañía
con su ron- ron, tumbándose a mi lado.
Más de ocho años cumplieron hace poco.
Dicen que en una persona son casi ochenta años.

¿Quién se irá antes, por tanto, de esta vida?
Por lógica habrán de irse ellas.
¡Pero quién sabe..! Ellas no sufren nada,
mientras yo sufro pensando en otras épocas.

Y el sufrimiento, es sabido, y la nostalgia
no ayudan a vivir, sino al contrario.
Habré de preparar el equipaje,
que igual no me da tiempo a prepararlo.

Pero pienso que no, que es tontería.
La juventud no la marca un documento.
Son las ganas de amar quienes la fijan.
Si es verdad eso, no más de veinte años cuento.

Así que hasta un Portal he colocado,
con su buey y su mula junto al Niño.
Me ilusiona encenderlo por la noche
para ver sus bombillas hacer guiños.

Así se me presentan estas Fiestas:
Triste, infeliz y solitario.
Abriré una botella de buen cava.
Pese a todo... ¡Que habrá que celebrarlo!

 

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