¡Ojalá te hayas muerto! No
quisiera
que en su cama otro hombre te tuviera.
Mas si vives, con fuerza te maldigo
por haber sido tan pérfida conmigo.
¿Por qué no hiciste caso a mis
lamentos?
Solamente diste crédito a otros cuentos
que hablaban unas lenguas envidiosas
al ver nuestro jardín plagado en rosas.
¡Ojalá te hayas muerto! Mas si acaso
aún vivieses, ya es tarde, ya ni caso.
Han pasado los años. Ni me acuerdo
de cómo era tu sexo. Ni un recuerdo
de cómo eran tus ojos, tu mirada,
que parecía de una oveja degollada.
¿Exististe realmente o fuiste un sueño?
Si soñé de verdad, soñé en ser dueño
de una hermosa mujer que me ofrecía
todo cuanto mi amor soñó tener un día.
Pero mientras tu boca ardiente me besaba
quería convertir mi alma en tu esclava.
Es cierto que me hiciste mil caricias,
aquel amor era el Jardín de las Delicias;
pero, al final, tu amor que dijo ser eterno
se transformó sin piedad en un infierno.
¡Ojalá te hayas muerto! ¡Qué
ironía!
¡Y yo aquí llamándote puta y arpía!
Lo que sé es que te di mi amor sincero
pero tú preferiste del otro su dinero.
¡Ojalá te hayas muerto y a tu entierro
ni siquiera haya asistido un triste perro!
Ya curarán del corazón las cicatrices.
Como tú ya pagué a bastantes meretrices. |