A ti, mujer, que un día
amarme tanto supo,
hoy te envío el rencor que ansioso escupo.
Pues si es cierto que dijiste amarme tanto
supiste aquel amor mudar bien en el canto
engañoso y falaz de las sirenas de
Odiseo.
Te juro que aún en ello pienso y no lo creo.
¿Tan verdad es que en cierto me querías?
Pues tu amor fue fugaz cual flor de un día.
Vive más una flor del azafrán, esa
rosita
que cuando acaba el día va y se marchita.
Ésa es la triste canción que al cabo entono
con mi voz ya semirrota mas aún a tono.
Ese asunto que a todos causara tanto
daño
no llegó tan siquiera a durar ni medio año.
Rompiste dos familias mas, no obstante,
a aquella tu lujuria sin pudor si fue bastante.
Por ello, en esta noche a ti te
recrimino
que me hicieses juguete sólo del Destino;
aunque al fin llegué a tener inmensa suerte
y en mi hogar vive hoy una hembra fuerte.
Aquella misma que tú quisiste echar un
día
utilizando tu belleza, tu sal y tu alegría.
Mas, aún con más edad que tú, es toledana.
Su catedral vale más que tu Giralda, sevillana. |