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Quisiera hoy regalarte, vida
mía,
un hermoso poema, ilusionado,
devolviéndote así tanta alegría
como tú en estos años me has brindado.
Mas se encuentra la Musa hoy perezosa
y no envía los versos a mi mente.
Haré que se despierte y que, gozosa,
acuda a mi cerebro raudamente.
Mas no sirve gritarle, más con mimo
lograré despertarla y que con creces
me sugiera el poema aquel que estimo
que, cariño, sin duda te mereces.
Porque sabes que bien quisiera darte
un regalo mejor, tal vez dinero;
mas soy pobre, tan sólo tengo el arte
de escribirte unos versos con esmero.
Espero los acojas compasiva
pues encierran en sí mil ilusiones.
La llama de mi amor aún sigue viva
y espero que así estén los corazones. |
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