Volviendo atrás la vista...

  Volviendo atrás la vista con agrado
recuerdo aquellos besos que me diera
en una ya lejana primavera
una hermosa muchacha, allá en el Prado.

Velázquez nos miraba ilusionado
desde su pedestal: - ¡Así cualquiera!
Teniendo esa mujer justo a tu vera
no extraño que te sientas inspirado.
-.

Escuché sus palabras, sorprendido
de que un busto me hablara de ese modo;
mas pensé que las fechas de Cupido

nublaron mi razón y era beodo.
Dejé pues sus pinceles en olvido
y, absorto, a mi pasión me entregué todo.

 

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