La fama es pasajera. Por lo
tanto,
efímera, caduca y transitoria.
Los hechos que conmueven hoy la Historia
mañana perderán todo su encanto.
Puede ahora hasta el Papa hacerte santo,
pasando al Santoral, mas esa euforia
que señala el papel no hará memoria;
el tiempo en el recuerdo hace quebranto.
Habrá gente en el siglo venidero
que al ver tu nombre inscrito se pregunte:
- ¿Qué méritos logró este caballero?
¿Fue tan bueno en verdad o es que
hubo "unte"? -.
Porque ya es conocido que el dinero
obliga hasta a San Pedro a que te apunte.
Prefiero ir satisfecho donde vaya
que me cuelguen del pecho una medalla,
que estando yo feliz con mis acciones
no necesito saludos ni ovaciones. |