Aunque quiera vivir feliz
contigo
hay algo que lo impide. Es irritante
pensar que continúas vacilante,
que prosigues hablando con tu amigo.
Intento mejorar, mas no consigo
en tu boca encontrar un gesto amante.
Mi paciencia se agota, que bastante
sufrimiento he tenido ya contigo.
Si me quieres, me quieres a mí sólo;
no precisas de nadie que te invite.
El contrato adolece así de dolo,
no te puedes quejar de que me irrite
cuando veo llamadas de ese "Apolo"
y tú aceptas, ingenua, su convite.
Imagino el final de este suceso:
¡Dos puños en la cara y tente tieso! |