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Hoy me estaba aguardando,
desabrida,
la Musa en la garita de otras veces.
Muy seria, me ha espetado: - ¡Te mereces
que no vuelva a esperarte ya en la vida!
Te inspiro sin cesar sin que lo
impida
ni el ruido ni el calor, ¿y qué me ofreces?
En vez de agradecérmelo con creces,
te empeñas en peleas. Ya aburrida
me tienes, trovador. No das descanso
a tu lucha tenaz. ¿Tanta importancia
le das a ese infeliz que fue mi amante
mas, cansada de verle siempre manso,
le dejé su finura y su elegancia,
pues su voz resultaba altisonante? -.
La tomé con furor entre mis brazos,
apretando hasta hacerla mil pedazos.
Y mil versos surgieron de mi mente
al calor de su beso tan ardiente. |
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