| |
Sufrí en mi juventud la
dictadura
impuesta por la guerra fratricida.
Aquello no marcó mucho mi vida;
y aún vivía feliz, si se me apura.
Mas amante del riesgo y la aventura,
de una forma, quizás, hasta suicida,
decidí erradicar a aquél que impida
a la gente ser libre, al caradura.
Soporté a un dictador. Más, a ninguno.
Aunque pueda costarme ello la muerte,
lucharé hasta el final e, inoportuno,
lograré molestarle, de tal suerte
que abandone sus ansias de grandeza,
a pesar que me cueste la cabeza.
Si cayera en la lucha, nada importa.
Lo que sirve es triunfar, la vida es corta. |
|