| |
Acabo de ver a
Lola,
la Musa de mi novela,
mas ella no sabe nada,
ni que yo existo siquiera.
Caminaba vacilante
entre vapores de vino
o cerveza, nada importa,
mas andaba su camino.
¡Ay, Lola, si tú supieras
que puede ser que la Gloria
te debiera yo algún día
por escribir de tu historia!
Mas tu sigues, nada sabes,
caminas cual alma en pena,
tus piernas van vacilantes
andando sobre la acera.
Y yo al verte, quedo mudo.
Cavilando te contemplo...
¿Será de verdad tu historia
o todo ha sido un invento?
Pero una cosa está clara,
lo quieras o no lo quieras:
La tuya, en verdad, no ha sido
ninguna vida cualquiera.
|
|