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Tres hijos engendrados y a
ninguno
negué el menor capricho ni un instante;
parece que no fuera lo bastante,
tal vez en el tintero dejé alguno...
Confieso que quizá no es oportuno
pensar en el pasado. En adelante
tendré que demostrar mejor talante,
no siendo con mi afán inoportuno.
¿Que llamo y les molesto? Mil perdones.
Lamento despertarlos de la siesta.
Recuerdo cien mañanas, cien balones:
- ¡Papá, llegamos tarde! ¡Vaya
fiesta
anoche, hasta las tantas! -. ¡Mil capones
merezco por tener tan mala testa! |
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