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Si la Musa fecunda mi
intelecto
con su mágico influjo y le da vida,
considero no debe ser correcto
que ignorando su soplo la despida.
Yo no tengo la culpa si su afecto
me brinda con amor. Que se lo impida
podría producir muy mal efecto,
causándome, feroz, mala partida.
Por tal, es mi opinión que, andando
recto,
se llega a ver la tierra prometida.
Ven, Musa, pues; seré tu más dilecto
alumno y te daré buena acogida. |
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