Cada noche que pasa es más
profunda
la angustia que atenaza el alma mía;
presiento que acabó ya la alegría
de mi mente feliz, ayer fecunda.
No puedo soportarlo, que iracunda
se torna mi paciencia cada día
cuando llamo y no estás. Esta porfía
de celos y temor el alma inunda.
¡Maldito sea mil veces el dinero,
el juego y el azar! Y de eso vivo...
Yo vendo a los demás, pero no quiero
que vuelvas a jugar porque percibo
que a la ocasión siguiente estaré fiero.
Que jugar por jugar no es de recibo. |