| |
Si el arco de Cupido fuera un
clave
y sonarlo mi mano consiguiera,
lograra hacer sonar la octava entera.
Y hasta dos, quizás más, cualquiera sabe.
Que mi voz aún resuena, en lo que cabe,
con potencia y valor, como ayer era.
Ya no canto a la alegre sementera,
pero sí al que, feliz, duerme en su nave.
Del que tornó de Indias siendo viejo,
comprando los amores con su oro,
prefiero no encontrarme en el pellejo,
que no pudo obtenerlos su tesoro.
Yo, cantando, y de hacerlo no me quejo,
lo paso bien chipén hasta en un coro. |
|