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Un beso se ha cruzado
suavemente
sobre las tazas de un rico desayuno.
Yo estaba allí mirando, inoportuno,
testigo de ese amor. Estaba enfrente.
Da envidia, al estar solo, de repente,
el ver como una joven besa a alguno
en tanto que aburrido aquí está uno,
pasándole mil cosas por la mente.
Soñando abandoné a mi toledana
y a saber en qué cosas soñaría;
de su lado me fui de mala gana
porque antes de irme algo decía
que no llegué a entender. Mas la mañana
me obligaba al trabajo, triste y fría. |
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