Funesta amaneció la madrugada...

  Funesta amaneció la madrugada
de ese día de abril. Como agorero,
el cielo descargó gran aguacero
cual símbolo de llanto y, apenada,

tembló la multitud. Triste el concierto
que se entonó al saberse la noticia:
La Muerte, con su fúnebre caricia,
ha vencido al final. El Papa ha muerto.

Un hombre al fin y al cabo es lo que era,
que alumbró una mujer, igual que a todos,
que había de morir como cualquiera

al igual que nació. De todos modos
me rebelo ante el hecho, ya que hay gente

que debiera vivir eternamente.

 

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