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Quisiera que la muerte me
viniera
mirándola de frente, cara a cara.
Me asusta, de verdad, que me llegara
de espaldas, en silencio y traicionera.
El alma de su cuerpo es pasajera
y va de puerto en puerto hasta que para.
Allí tratan igual al que viajara
en cámara de lujo o en tercera.
Mas deseo tener algún resquicio
de cuándo es el final de este viaje,
para cuando el Señor me llame a juicio
tener ya preparado el equipaje.
Pero suele la Muerte hacer su oficio
sin avisar a nadie en un mensaje.
Así que viajaremos sabiamente,
no sea que nos llamen de repente. |
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