Marbella se llamaba y era
blanca.
Tan blanca que lograba los dineros
ganados por ladrones y embusteros
lavar entre las togas y la Banca.
La lavandera fichada no era manca,
que han sido los notarios los primeros
en afirmar que lucen cual luceros
los billetes lavados. ¡Buena tranca
les daba yo a esos golfos, no el
presidio!
Porque en él vivirán como marqueses,
con buenas comilonas y hasta orgías.
No crean, que hasta a veces les envidio,
que acumulan cuantiosos intereses
sin trabajar y a vivir, que son dos días.
Y mientras tanto aquí uno haciendo el
primo
por no haber aprendido a dar el timo.
Ya lo dijo mi abuela: - El verdadero
ladrón es el cubierto por sombrero.
El que usa gorrilla es un granuja,
mas es al que si agarran se le estruja.
Así operan los jueces, sí señores,
que dicen que no entienden de colores;
pero al cabo se muestran más clementes
con ricos, poderosos y pudientes.
Cada cual arrima el ascua a su sardina.
Dígame la verdad: - ¿Usted qué opina?
¿Llevo o no la razón en lo que he
dicho
o se piensa quizás que soy un bicho? -. |