Cuentan del sabio Salomón
que por la reina de Saba
se le caía la baba
y hasta perdió la razón.
Lo mismo sé que ha ocurrido
a nuestra amada poeta,
que vio triunfar a su nieta
y se le fue hasta el sentido.
Es cosa muy natural
y siempre ocurre, de fijo:
Se entona el himno triunfal
al ver el logro de un hijo.
Y si es el de su retoño
hasta una dama da un: - ¡Coño!
Así que, Carmen, querida,
de tu ardor queda orgullosa,
que Lúa alegra tu vida,
que es sirena portentosa. |