El piropo más castizo
a la mujer madrileña
es decir: - ¡Cómo te hizo
Dios de bonita, pequeña!
¡Con esa tal galanura,
con ese garbo tan grande,
con esa gentil figura!
Hermosa... ¡lo que usté mande!
¿Quiere usté que se lo diga
de forma que más me entienda?
¡Pues que el Señor la bendiga
y la conserve a usté, prenda,
tan gallarda y tan lozana
como el día del bautizo!
¡Luce ese cuerpo, serrana,
lleno de garbo y de hechizo!
¡Mírame con tus ojazos
tan bellos y tan brillantes
y muero por tus pedazos
en unos breves instantes!
¡Viva la gracia, el tronío
de la mujer española!
¡Y que viva el poderío
y la sal de una manola! |