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Las tropas ya caminan por las
calles
de la ciudad cercada y sin recurso.
En tanto, el mandamás larga el discurso,
cuidando sus modales y detalles.
Le ordena a su soldado: - Que ametralles
a la manada hostil. Es un concurso.
Serás el vencedor. -. Y sigue el curso
de la guerra feroz. - ¡No te desmayes,
que luchas en el nombre de la Gracia!
No importa que masacres inocentes,
contaremos después que fue falacia.
La tierra del petróleo, con sus gentes,
debemos conquistar. ¡Viva la audacia!
Mis marines, son tontos mas valientes.-
Y el loco emperador vive contento
en tanto que a los cielos va el lamento. |
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