El amor, el cariño y la hidalguía...

  El amor, el cariño y la hidalguía
no se compran con onzas de dinero.
Afirmar otra cosa es tontería
y siempre he deseado ser sincero.

Se podrá ser escaso de riqueza,
no tener ni lugar para estar muerto;
pero ten amueblada la cabeza,
seguro que consigues ir a puerto.

Bien lo dijo el poema de Quevedo
hablando del dinero poderoso,
mas yo por unos cuartos no me quedo
callado en la penumbra y silencioso.

Si he de gritar al mundo, daré gritos.
Si la voz levantar, como ninguno.
Pero a mí no me acallan los malditos
que por tener dinero creen que es uno

indigno de respeto. En confianza
os contaré una cosa que yo pienso:
A mi juicio, quien cuida bien la panza
es un guarro que cubre con incienso

el mal olor que exhalan sus harapos.
Aunque vista de lujo, con tez seria,
en el fondo tan sólo lleva trapos
y da risa fijarse en su miseria.

¡Ay, si el oro quitamos al bolsillo,
dejándole sin ropas, cual desnudo
naciera de su madre de chiquillo!
Afirmo que quedaba sordo y mudo.

Mientras, yo, sigo oyendo y dando voces
aunque sepa que clamo en el desierto.
Lo que doy más valor es a los goces
y no van a quitármelos, de cierto.

 

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