| |
Acallaron la voz de aquel
poeta...
No fue un vil pelotón de madrugada
que fue pluma gentil y cultivada,
pero supo dañar como escopeta.
Quisieron cercenar su obra completa
pero todo, a la postre, quedó en nada,
que su voz sigue entera y afinada,
abriéndole el camino hacia su meta.
No lograron los falsos y traidores
callar de sus poemas los acentos,
ni mermar su legión de admiradores.
Porque ya los tenía y fueron cientos
los mismos que, al saberlo sepultado,
culparon por su argucia a aquel malvado... |
|