En mi calle resuenan las
sirenas
y entrechocan los cubos de basura.
La vida de estos hombres es muy dura,
son arduas y penosas sus faenas.
Su salario es un canto de sirenas
que aunque es cierto que es alto no perdura;
se trabaja en la noche vil y oscura,
no pienso que merezca tantas penas.
Mas por ser un mandato de Dios vivo
el hombre ha de ganarse duramente
el pan que le alimenta y el recibo
de su morada abonar mensualmente.
Lo malo es que estos versos que yo escribo
de monedas y oro no son fuente |