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He mirado esos ojos
almendrados
que lucen en tu cara tan preciosa,
la boquita gentil, como una rosa,
los labios entreabiertos y rosados.
Los párpados se abrieron y asombrados
tus ojazos buscaron una cosa,
alguna maravilla, mas tu hermosa
mirada se fijaba en todos lados.
Me viste y esbozaste una sonrisa,
un gesto cariñoso, entre risueño
o de estupor acaso. Quedó quieta
tu mirada en la mía y ya sin prisa
te envolvió nuevamente el dulce sueño.
Y yo quedé abobado con mi nieta. |
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