No sé por qué demonios yo
me meto
a corregir a nadie que bien sabe
escribir una cuarteta o un soneto;
acaso más que yo, ¡qué duda cabe!
Mas no soy muy amigo de lisonjas,
me gusta juzgar bien y soy sincero.
Ante el saber de otros, como esponjas
absorben mis neuronas ese esmero
con que pulen sus versos, sus escritos,
la maestría que esgrimen en su obra.
Por eso no os extrañe que dé gritos
cuando veo un error. Y sé de sobra
que ganaba bastante si callase,
si les dijera a todos que contento
me ha causado su escrito. Es una frase
que no puedo decir si no la siento.
Si me pongo a juzgar he de ser justo,
pues tampoco me gusta ser juzgado.
Mas de veras que no me dan disgusto
las críticas, que acojo con agrado
si las emite alguno que me enseña,
alguno que en verdad se muestra diestro,
aquél que a las palabras las domeña,
que siempre he preferido un buen maestro
que me corrija y guíe. No me fío
del que te da matrícula por nada.
Si me alaban sin causa me sonrío,
no es para mí la crítica pagada. |