Se nota que se dio por
aludido
aquél a quien tildara de envidioso;
o también puede haberle sucedido
sentirse algo molesto ante tiñoso.
Lo que sí le aseguro es que he comido
siempre en platos de loza y no en pesebre.
Soy hombre de ciudad y no he vivido
en el monte jamás, como una liebre.
Su ingerencia aguanté muy comedido,
mas puede que mis frases como un reto
sonasen maliciosas en su oído,
dedicándome un magnífico soneto.
que lo cortés no quita lo valiente
y que sabe escribir el elemento;
mas meterse conmigo es imprudente,
reconozco que soy algo violento.
Yo no empecé la lucha y no se explica
a qué vino ese término insultante.
Bien dicen de los ajos y que pica
y que esa picazón es irritante.
Esperemos no siga la contienda
aunque hermosa es una lid entre poetas,
mas puede que se pase y que me ofenda
y entonces yo le mande a hacer puñetas.
Que todo en esta vida tiene un punto
y aunque es cierto que puedo ser paciente,
llevado a los extremos el asunto
se me pone la sangre muy caliente.
Aunque tengo un poema preparado
por si osa a mis versos dar respuesta,
el incidente yo doy por terminado
y en vez de discutir me echo la siesta.
Que en verdad es mejor, más provechoso,
sobre todo si hay buena compañía.
¿No será que el amigo está rabioso
de que hace que no mete ya mil días?
Si es por eso, le ruego me lo diga,
que dispuesto a ayudarle estoy con gusto.
Poseo yo en Baeza ardiente amiga
que, convencido estoy, le quita el susto.
Que es posible que esa actitud tan hosca
que refleja el perillán en su soneto
sea señal que no se come ni una rosca.
¡En verdad poco saben los paletos!
Mas como hoy me siento generoso
no tengo inconveniente en tal contacto.
Se la presento y se queda tan dichoso.
¿Le parece a usted bien, amigo, el pacto?
Lo único que exijo es que si luego
notara unas molestas picazones,
no acuda a mi presencia con el ruego
de que sane ese mal u otras razones.
Que cada uno se cure lo que es suyo,
y si encima la moza es su paisana,
nada tengo que ver. Y ya concluyo,
no quiero estarme así hasta mañana. |