No hay ni un Dios por la calle

  No hay ni un Dios por la calle. ¡Qué descanso!
Ni la luna contemplo en la ventana.
Será que todos duermen. Sólo un ganso
puede estarse escribiendo hasta mañana.

Y es que la noche atrae bien a la idea,
se acerca sola igual que se va el humo
del cigarro que enciendo, aunque no sea
elegante quizás decir que fumo.

Que existe la manía de que es malo,
que aseguran que es un veneno lento,
que algún día te puede dar un palo,

que te puedes morir... ¡Vaya un invento!
¿No empecé ya a morirme cuando el parto?
Pues al menos, si muero, morir harto.

 

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