Margarita 

  Margarita, mi amor, voy a decirte
que no quiero contarte ningún cuento;
yo tan sólo pretendo al escribirte
decir que con mi amor nunca te miento.

Que los cuentos los dejo a los maestros
que alcanzaron la fama y el renombre.
Prefiero un solo beso de esos nuestros
porque al cabo tan sólo soy un hombre.

Yo no tengo un rebaño de elefantes
ni tampoco un collar de pedrería,
mas sí tengo escondidos, y bastantes,
mil tesoros que son mi Poesía.

En mi mente se encuentran dormitando,
esperando que un día los despierte;
el momento de hacerlo no sé cuándo.
Quizás no vean la luz hasta mi muerte.

Y ese día, te ruego, Margarita,
los des a conocer y seas dichosa,
recordando, mi amor, niña bonita,
que no sólo de un hombre fuiste esposa.

Si no logro alcanzar mi cometido
de llegar a las cumbres de la gloria
piensa, al menos, que junto a ti he vivido
y recuerda risueña nuestra historia.

Que fue alegre unas veces y otras triste,
como todo en la vida en su momento.
Recuerda bien, mi amor, que me quisiste
y que mi amor por ti no fue un invento.

Así que ya lo sabes, Margarita,
ni está linda la mar ni tonterías.
Eso dijo Rubén, pero no quita
que hasta un genio se invente boberías.

 

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