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Treinta y nueve los años que
han pasado
del instante en que te conocí,
treinta y nueve y sigues tan hermosa,
igual que el primer día que te vi.
Es cierto que los años se han llevado
con ellos tu fragancia juvenil,
pero esa sonrisa candorosa
reluce todavía aún en ti.
También se llevó el tiempo mi peinado,
mi flequillo castaño y, ¡ay de mí!,
mi figura es obesa y horrorosa,
he perdido el andar aquél, gentil.
Pero el viernes que viene, en el
Juzgado,
volveré nuevamente a darte el sí,
que ninguna locura borrascosa
podrá el amor borrar que un día sentí.
Treinta y nueve los años que han
pasado,
treinta y nueve y aún sigo tan feliz,
deseando poder llamarte esposa
hasta justo el instante de morir. |
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