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No son celos los que me
hieren, niña.
Es rabia que le tengo a ese baboso.
Tú buscas que tengamos otra riña
y en ésta no seré tan cauteloso.
Ya sé que no le quieres, no me importa,
pero rabia me da de que le veas,
que han sido varios meses y no es corta
la envidia que le doy, aunque no creas.
Es viejo y poco puede compararse
al hombre que se oculta en mi persona,
pero sabe con trucos disfrazarse
de amable y de gentil y no perdona
que entre ambos me hayas elegido,
creyéndose que era ya tu dueño.
Para él, hazme caso, sé que has sido
la última esperanza de su sueño.
Esta noche veremos lo que pasa,
te juro que ya nunca he de gritar;
mas lo mismo me paso por su casa
y lo mismo le puedo hasta matar.
Es que le tengo ganas, sé consciente,
pero te gusta, y es lógico, mujer,
por ser hija de Eva, que reviente
de celos y dispute tu querer.
Mujer al fin y al cabo, caprichosa,
coqueta y casquivana. En tu favor
diré que has sido fiel, pero otra cosa
es que juegues conmigo. Este sabor
que acaba de quedárseme en la boca,
tan áspero y amargo cual la hiel,
piensa a fondo una vez, cabeza loca,
es asco de pensar que estás con él.
Mas, en fin, esperaré a la noche,
no sea que me suba la tensión,
que tengo que volver después en coche
y no quisiera tener un tropezón. |
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