¡Pobre hijo!

  Si escribiendo lograra lo que quiero,
contar tanta mentira traicionera,
sacando de mi alma cuanto quiera,
seguro no sería traicionero.

Habría de dejar en el tintero
verdades que en verdad yo no quisiera.
Mas si la historia que cuente es verdadera
casi mejor callarlas yo prefiero.

Yo no deseo dañar a un inocente
que parte no ha tenido en este entierro.
¿Qué culpa ha de tener de que su gente

haya marcado a fuego con cruel hierro
sobre su blanca e inmaculada frente
un estigma tan vil si no es un perro?

 

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