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Hoy me ha dicho un compañero
que, para tanto derroche
y con lo mucho que cuesta,
debían dejar primero
que viésemos esa noche
y al otro día la siesta.
Pero no creo que en ello
convenga Su Majestad
ni consienta el protocolo.
Lo malo de ser plebeyo
es no gozar su amistad
y andarnos tocando el bolo.
Y es que yo digo, ¡pardiez!,
que si somos tan iguales
en el comer y en la cama,
¿a qué viene esa altivez?
Para pagarla, bien vales,
mas no para ver la dama. |
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