Cuán ingrata es la vida,
hemos hablado
esta tarde del Día de la Madre.
Ha venido mi hijo y como padre
he querido charlar de mi pasado.
Ayer era mi niño y hoy casado
le observo como a un hombre y su reflejo
de mis años de joven es espejo,
igual de temerario y de lanzado.
Mas he visto una cosa en su mirada
que ha calado muy hondo en mi conciencia
y que en verdad no me ha gustado nada:
A su esposa le muestra una obediencia
tan total, tan sumisa y resignada
que parece que tiemble en su presencia.
En verdad que la vida es diferente,
es el mundo de hoy y ésta es su gente. |