XCVII

Vais al mundo y quedáis en él perdidos
que, luego que mi mente os da la vida,
al no poder criaros
quedáis huérfanos,
adictos al candor o a la lascivia.

Ya no sé a quién amé.
Si fue mentira
la pasión que mi pecho ha concebido.
Sólo sé que sois hijos de mis sueños
y, por tanto, debéis vivir un día.




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