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LXCI
Y se ríen de mí, de mi locura.
El amor es un juego para ellos.
Para ti y para mí, mi eterna musa,
es que, dime, ¿tan sólo ha sido eso?
Que yo puse en la fragua mi alma entera
y con ella mi dicha y sufrimiento.
¿Tú pusiste la vida o sólo era
aquello, para ti, cruel pasatiempo?
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