LXXXV

Pues que a la muerte me empujan,
pues que al abismo me llevan,
pues que de allí donde llamo
siempre me cierran las puertas...

Pues que de la luz me ocultan
dejándome en las tinieblas,
pues que no escuchan si clamo,
pues que no atienden mis quejas...

Pues que no creo en la vida
ni en quien la ha dado siquiera,
pues que ambiciono la muerte
que es bálsamo de mis penas,
no os quejéis si alguien lo paga...
¡Yo soy quien más lo lamenta!

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