|
LXXXI
Hemos bebido el licor,
apurando hasta las heces.
Tú te has quedado serena;
yo, sin poder sostenerme.
Mi copa llenó aquel llanto
que de mis ojos cayese,
porque el vino procedía
de las cavas de la Muerte.
Hoy te has ido y yo he quedado
tan solo como estuviese,
pensando en que aquellas lágrimas,
tal vez, tú no las mereces.
A
poema anterior
A
Menú
A poema siguiente
|