LXXVIII

Relámpagos de fuego que en el día
alumbráis de la Aurora la belleza:
¡Decidle que la adoro, que los celos
con sus garras el alma me atormentan!

Vosotros, mensajeros de la noche,
que los aires surcáis tras las estrellas:
¡Decidle que mi pecho no respira
cuando lejos de mí su faz se encuentra!

Reflejos de la pálida Selene,
si acaso ella os contempla:
¡Decidle que la quiero más que antes,
que no puedo vivir sino es con ella!

 

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